Crisis económica y Pandemia: los desafíos para crecer sin dañar el medio ambiente

El Covid-19, no solo genero una crisis global sanitaria. También provocó una crisis económica que está poniendo aprueba todas las estructuras sociales en el mundo; bajo este escenario, resulta trascendente revisar y reflexionar una vez más los modelos de producción y consumo que prevalecen en el planeta.

Desde hace cuatro décadas, se ha hablando mucho de la importancia de modificar esos dos aspectos del comportamiento social. En 1972, el Club de Roma, publicó el informe “los límites del crecimiento”, en donde señalaba la necesidad de repensar la actividad económica del mundo sustentada en las energías fósiles y el consumo.

Ese informe, es solo una de las muchas publicaciones que se han realizado a lo largo de cuatro décadas, alertando de los efectos climáticos a causa del acelerado procesos de explotación de recursos naturales.

En el año 2000, las Naciones Unidas abordaron el tema climático junto con otros aspectos de desarrollo social en los Objetivos del Milenio (ODM). A partir de ese momento, se comenzó hablar con mayor frecuencia de la necesidad de transitar hacia una economía verde.

Y aunque el concepto nació a finales de la década de los ochenta, no fue sino hasta la aparición de los ODM, cuando las naciones comenzaron a fijar acuerdos y acciones concretas para mitigar el impacto ambiental a causa de la actividad humana

En 2015, con la aparición de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), se planteó la necesidad de modificar los modelos de producción para transitar hacia una economía verde.

Desde entonces, se fijo como prioridad avanzar hacia la sustitución de las energías fósiles para la generación de energía eléctrica, incentivar la innovación tecnológica para generar transporte sustentable y promover la eficiencia energética en la construcción de nuevos edificios y en los ya existentes.

Se estimó que con estas medidas, se podrían disminuir las emisiones de CO2 que son las principales causantes del calentamiento global. No obstante, los registros de los tres últimos años no son alentadores. En 2017,  las emisiones globales de CO2 se incrementaron 1.5 por ciento, en 2018 lo hicieron 2.7, mientras que las estimaciones para 2019, son un incremento de 0.6 por ciento de acuerdo con cifras de Global Carbon Project.

Según estimaciones de esa institución, encargada de monitorear las emisiones por países y sectores en el mundo, para alcanzar las metas fijadas en los ODS en el 2030, la reducción de gases contaminante debería ser del 7 porciento promedio anual.

La económica global, se ha venido reduciendo durante los últimos tres años, lo que explica en parte la reducción de emisiones de CO2 en 2019, esto sin quitar merito a los avances en la generación de energía eléctrica con fuentes renovables. Para 2020, con la caída de la actividad económica provocada por la pandemia, veremos una reducción de emisiones de gases contaminantes, efecto que se ha podido sentir en muchas de las principales urbes del planeta.

Ante este escenario y de acuerdo con las cifras disponibles de las emisiones de CO2, la pregunta obligada es: ¿podremos recuperar el crecimiento económico luego de la pandemia, sin dañar el medio el medio ambiente?

La respuesta no es sencilla, pero presenta una oportunidad para repensar y revisar los hábitos de consumo y producción a nivel mundial. El desafío es priorizar el crecimiento sostenible sobre todo en los países en desarrollo, en los que la alimentación, la salud y la educación, serán la prioridad para recuperar el bienestar de sus pobladores.

En ese sentido, la segunda pregunta es: ¿lograremos salir de la crisis sin causar mayor impacto ambiental?

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