Innovar en tiempos de pandemia.

No es ninguna mentira que la humanidad ha enfrentado hechos adversos a lo largo de los siglos.

Pero parece que el cambio sucede cada vez a mayor velocidad. Basta mirar las últimas dos décadas, las cuales han estado marcadas por increíbles progresos e innovación, pero también por retos que nos obligan a dar solución de manera pronta. Tal y como la Ley de Moore lo dirigiera, el cambio está transformando de una forma acelerada el mundo en que nos desenvolvemos.

Como ejemplo, el contexto que hoy enfrentamos por la pandemia de COVID-19 nos plantea desafíos que simplemente, hace 3 o 4 meses no imaginabamos.

Y estamos llamados a enfrentarlo como una oportunidad para acelerar los cambios y concretar acciones hacia un planeta sustentable y lograr las Metas de Desarrollo Sostenible que como humanidad nos hemos propuesto.

Una pieza esencial para lograrlo es precisamente poner en práctica las Alianzas para Lograr los Objetivos. Un ejemplo de ello es la respuesta conjunta que han dado industrias que son consideradas esenciales en diversos países para seguir operando durante esta contingencia, como lo es la industria química.

El caso de la industria química es sumamente interesante, pues de entrada, representa alrededor del 1.8 por ciento del PIB nacional (2019), pero más haya de eso, significa un aglutinador de diversas cadenas de valor. Ya sea en productos de cuidado personal y del hogar, consumo, tecnología, automotriz, empaques, alimentos, etc., al encontrarse en esa posición, la industria química adquiere una responsabilidad y rol clave para superar el contexto que hoy nos aqueja.

Las compañías han demostrado dicha responsabilidad, y confirman su vocación y enfoque social dentro del marco del capitalismo inclusivo.

Como ejemplo, empresas del ramo químico han transformado sus operaciones para manufacturar materiales que son esenciales en la producción de suministros médicos, de higiene y equipo de protección personal, incluso, como el caso de Dow, han transformado su propia operación para desarrollar productos como alcohol en gel y sanitizante de manos.

Algunas de sus plantas en Bélgica, Estados Unidos y Alemania se transformaron de forma ágil para garantizar el suministro de este producto.

El caso más reciente sucedió en la planta de Dow en Hortolândia, estado de São Paulo, Brasil, donde sus colaboradores en menos de un par de semanas desarrollaron capacidad y produjeron 30 mil litros de sanitizantes de manos, que fueron donados a hospitales públicos.

Dow generalmente no produce desinfectante para manos, pero una gran parte de las materias primas requeridas están fácilmente disponibles en las plantas de la Compañía. Además, la flexibilidad de activos de Dow permite que se produzca un volumen significativo de desinfectante con poco o ningún impacto en las operaciones normales.

Otro caso interesante es la producción de batas de aislamiento que hoy son tan necesarias y demandadas por trabajadores de la salud en la primera línea de atención a pacientes con COVID-19. Por ello, Dow junto a empresas aliadas (e aquí la importancia de la colaboración) desarrollaron 100 mil batas que fueron donadas en Estados Unidos y México.

Esto habla no solo de la importancia que juega esta industria, sino su innherente capacidad de transformación e innovación, que pueden traer grandes cambios. Y ha sido posible con una mentalidad colaborativa y abierta a la innovación. Traer lo mejor de cada uno de los aliados: insumos, capacidad, experticia y conocimiento para garantizar que la solución sera efectiva.

Es momento de tomar los retos, buscar soluciones y aspirar a nuestra propia transformación. Colaborar para lograr los objetivos. Demostrar que pese a la distancia física, ¡estamos más juntos que nunca!

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