La electrificación automotriz: una oportunidad para México.

En los escenarios verdes que se proponen para los programas de recuperación de lo que seguramente será la peor crisis económica en un siglo está la aceleración de la electromovilidad.

Para un país como México, para el que la industria automotriz representa el 25% del PIB manufacturero y una tercera parte del total de las exportaciones, la electrificación significa retos y oportunidades que ameritan el diseño de una visión estratégica y una política industrial para responder adecuadamente a los mismos.

El sector automotor a nivel mundial enfrenta una reconfiguración por el surgimiento, sobre todo en China, de muchas nuevas empresas productoras de vehículos eléctricos. Frente a China y Europa, Estados Unidos está resagado en las ventas de vehículos eléctricos, entre otros factores, por los bajos precios de la gasolina.

Esta situación, que puede prolongarse por la coyuntura que atraviesa el sector petrolero, postergaría la transición tecnológica, afectando la competitividad de los productores estadunidenses.

La integración de la industria automotriz mexicana a América del Norte representa un riesgo, ya que al exportar el 80% de su producción automotriz a este mercado regional, México termina respondiendo a las preferencias de ese mercado.

Pudiera ser también una oportunidad si México fomenta la creación de nuevas empresas, establece vínculos estratégicos con los países líderes en el sector de vehículos eléctricos, en particular China y Alemania, y aprovecha la infraestructura automotriz existente y recursos clave como el litio.

El titular de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, Víctor Manuel Toledo, ha dicho recientemente que el país debería acelerar la electrificación automotriz, aprovechando que México cuenta con las reservas más grandes en el mundo de litio, “el nuevo petróleo,” que es con lo que se fabrican las baterías que utilizan los vehículos eléctricos.

Según un estudio previo al COVID, para 2025 el mercado global de baterías alcanzará los 300 mil millones de dólares anuales, y el volumen de ventas anual esperado de vehículos eléctricos serían al menos 10 millones. Si los planes de recuperación apuestan a  esta transición, los números pudieran ser aún mayores.

La electrificación también implica cambios significativos a la infraestructura automotriz, entre otros, para hacer que las gasolineras se conviertan en centros de carga eléctrica. También se tendrán que diseñar programas de apoyo a la industria de auto partes.

El reemplazo del motor de combustión por baterías y motores eléctricos hace obsoletas muchas partes de un automóvil. Los eléctricos demandan menos componentes que los impulsados por gasolina o gas.

Una fábrica de baterías requiere solo una quinta parte de la fuerza laboral, comparado con una planta de motores. Se estima que para el 2030, en Alemania, uno de cada dos trabajos relacionados con la fabricación de motores de combustión interna se verá directa o indirectamente afectado por la electromovilidad.

Dado que el 40% del valor agregado de los vehículos producidos en México proviene de Estados Unidos, la transición hacia la electrificación de la industria también presenta una oportunidad para aumentar el contenido nacional de los vehículos eléctricos.

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