La crisis del agua se ha consolidado como uno de los mayores desafíos globales. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, cerca de 4,000 millones de personas enfrentan escasez de agua al menos una parte del año, mientras que 2,200 millones no cuentan con acceso a agua potable gestionada de forma segura.
El organismo internacional advierte que el mundo atraviesa una etapa de “bancarrota hídrica”, en la que la demanda de agua supera la capacidad natural de los ecosistemas para regenerarla, intensificando los riesgos para la salud, la economía y el desarrollo social.
En México, este escenario se refleja con especial intensidad. El país se encuentra entre las naciones con alto estrés hídrico, al utilizar más de 40 por ciento de su agua superficial disponible cada año, de acuerdo con el Instituto de Recursos Mundiales.
Además, la disponibilidad de agua ha disminuido de forma sostenida: de aproximadamente 10,000 metros cúbicos por habitante al año en 1960, a cerca de 3,200 en 2020, según datos de la Comisión Nacional del Agua.
Esta reducción responde tanto al crecimiento poblacional como a la distribución desigual del recurso. Mientras el norte y centro del país concentran más de 70 por ciento de la población y la actividad económica, cuentan con menos de un tercio del agua renovable nacional, lo que incrementa la presión sobre acuíferos y sistemas de abastecimiento.
Las consecuencias ya son visibles: amplias regiones enfrentan sequías de moderadas a extremas, acuíferos sobreexplotados y fallas en el suministro, especialmente en comunidades rurales y zonas urbanas densamente pobladas, donde persisten problemas de acceso, calidad y continuidad del servicio.
Frente a este panorama, el uso eficiente del agua se posiciona como un reto compartido entre gobiernos, sociedad e industria. De acuerdo con Grant Thornton, el 49 por ciento de las empresas en México planea incrementar su inversión en sostenibilidad en 2026, reflejando la creciente relevancia de la gestión responsable de los recursos.
En este contexto, compañías como Tork han implementado estrategias para optimizar el uso del agua. En su planta de Uruapan, Michoacán, 66 por ciento del recurso utilizado es reciclado mediante procesos de tratamiento, con la meta de reducir su consumo total en 20 por ciento hacia 2030, en línea con los compromisos globales de Essity.
En el marco del Día Mundial del Agua, especialistas coinciden en que la crisis hídrica en México requiere acciones inmediatas, medibles y coordinadas. La forma en que se gestione el recurso hoy será determinante para garantizar la salud, la productividad y el bienestar de las futuras generaciones.
