Busca la Unión Europea restringir el uso de biocombustibles

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Los biocombustibles surgieron como alternativa para sustituir a los combustibles fósiles, pero generan efectos negativos […]

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Los biocombustibles surgieron como alternativa para sustituir a los combustibles fósiles, pero generan efectos negativos en el ambiente.

Los biocombustibles que surgieron como una alternativa para sustituir combustibles fósiles, comienzan a generar efectos negativos en el medio ambiente debido al incremento en la demanda de materias primas, que están suponiendo una sobre explotación de recursos naturales. Razón por la que, la Unión Europea se ha planteado eliminar su uso.

Existen varios tipos de biocombustibles, divididos en cuatro generaciones. La primera, son elaborados a partir de semillas. La segunda, se genera a base de biomasa, fuente orgánica de carbono, derivado de material vegetal. La tercera aprovecha las plantas acuáticas para fabricar combustible y la cuarta plantea la modificación genética de microorganismos para mejorar su eficiencia en la captación y almacenamiento de CO2.

Algunos biocombustibles se hacen con aceite de palma y soja, esto ha llevado a aumentar la deforestación tropical en países como Brasil, Indonesia y Malasia, que han perdido gran cantidad de hectáreas de selva por la tala, en muchos casos ilegal y con condiciones precarias para los trabajadores.

Entre 2015 y 2018, la elaboración de biocombustibles aumentó 90 por ciento y, según el informe de Rainforest Foundation Norway, se estima que para 2030 crecerá 61 millones de toneladas la producción de aceite de palma, mientras que la de soja, subirá 41 millones de toneladas. Esto equivale a emitir cerca de 11,500 millones de toneladas de gases de efecto invernadero durante los siguientes 20 años.

Esto supone que alrededor de 7 millones de hectáreas serán deforestadas, incluyendo 3.6 millones de hectáreas de turberas tropicales. Esto es importante porque su suelo húmedo se conforma de desechos de plantas y retiene el carbono utilizado por las plantas para crecer. Así que, su desaparición implica liberar una enorme cantidad de CO2 a la atmósfera, sumado a la pérdida de biodiversidad y aumento de riesgo de incendios forestales.

Por estos motivos, en 2019 la Comisión Europea catalogó al biodiésel de palma como no sustentable y recomendó reducir su uso de manera paulatina hasta 2030, pero ahora quieren acelerar ese proceso e incluir al aceite de soja.

Hay algunos países que dependen del aceite de palma y soja para producir sus biocombustibles, tal es el caso de España. Estos dos componentes representaron en 2018 el 90 por ciento de la materia prima del biodiésel español, 55 por ciento para la palma y 35 para la soja, según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia de España.

Los biocombustibles no solo tienen impacto en el sector energético, también lo tienen en el alimenticio. Debido a que destinan productos, que pueden servir de comida a muchas personas, para la creación de combustible, maíz, trigo y aceite de girasol por citar algunos ejemplos.

Se calcula que durante la crisis alimentaria de 2007 y 2008, los biocombustibles contribuyeron al aumento del precio del maíz entre 20 y 50 por ciento, según cifras del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Actualmente, la guerra entre Rusia y Ucrania tiene repercusiones en el sector alimenticio, debido a las limitaciones para la exportación de granos y cereales. Por lo que la Unión Europea se ha mostrado a favor de relajar las medidas en los carburantes con el fin de aumentar el suministro de alimentos. De acuerdo con la plataforma especializada en ecología y economía, Gro Intelligence, los cultivos destinados a los biocombustibles equivalen al consumo anual de 1,900 millones de personas.