México al borde de ser el quinto país con mayor pobreza en América Latina

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La falta de acceso a la salud, la educación, seguridad social y servicios básicos como […]

La falta de acceso a la salud, la educación, seguridad social y servicios básicos como alimentos y vivienda, se conocen como carencias sociales.

Existen diversas definiciones de pobreza, pero la más recurrente es la multidimensional, que se vive cuando hay una carencia social y los ingresos no son suficientes para adquirir bienes y servicios.

La falta de acceso a la salud, a la educación, a la seguridad social y a servicios básicos como alimentos y viviendas son catalogados como carencias sociales. En el ámbito referente a los ingresos existen dos canastas: la básica y la ampliada, ésta última contempla necesidades adicionales. 

La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares (ENIGH) de 2020 reveló que el 43.9 por ciento de la población, es decir, 55.7 millones de personas se encuentran en pobreza. Y el 8.5 por ciento presentan pobreza multidimensional, lo que significa que tienen tres o más necesidades básicas y un ingreso muy bajo.  

Dos años después de darse a conocer esta información, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) de México indica que en 2022 podría aumentar dos por ciento, lo que colocaría al país en el quinto porcentaje más alto en América Latina y el Caribe, de acuerdo a estimados de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Los niveles de pobreza de México previstos en sus dos escenarios: el base y el extremo, mantendrían al país en el quinto sitio del ranking regional de naciones con mayores índices de precariedad, superado por Honduras, Guatemala, Nicaragua y Colombia.

La inflación juega un papel fundamental para que México alcance ese terrible lugar y la realidad es que los servicios y bienes encarecen cada vez más. El crecimiento del PIB se calcula en 1.7 por ciento en 2022, según datos de la CEPAL, manteniendo ese número igual que sus previsiones de abril pasado cuando las recortó desde 2.9 por ciento. 

También las proyecciones para América Latina se quedaron sin cambios, en 1.8 por ciento, aún con el impacto de la guerra en Ucrania y el aumento en los costos de las materias primas y energéticos. 

Pero la institución hace un enérgico llamado a retornar a tasas de crecimiento más bajas, incluso a aquellas que se observaban entre 2014 y 2019, advirtiendo que no solamente se trata de crecer sino hacerlo con un cambio de la estructura productiva que ofrezca el aumento de la masa de trabajo y con sectores tecnológicamente eficientes.

Cada país deberá trabajar en políticas públicas que ofrezcan oportunidades para todos sus ciudadanos, pues la inflación siempre golpea más a los sectores más vulnerables y también tomar como alerta un quinto lugar en el ranking mundial de los más pobres.