LAS EMPRESAS VERDES

Perspectiva feminista: esencial para cumplir el ODS 3

Por Adriana Valdés, Directora de Asuntos Corporativos para Latinoamérica de Apotex

“Tener una vida sana y bienestar para todas las personas” —como marca el ODS 3 de las Naciones Unidas— es un objetivo que no podremos alcanzar mientras las rutas para llegar ahí sigan construidas sobre un modelo que históricamente tomó al hombre como referencia universal.
La evidencia lo demuestra: gran parte de los sistemas de salud, la investigación biomédica y el diseño de tratamientos se desarrollaron ignorando las diferencias biológicas y contextuales entre géneros. El resultado es una brecha que todavía hoy afecta la salud materna, sexual y reproductiva, así como el acceso de las mujeres a la cobertura sanitaria universal. Por eso, hablar del ODS 3 implica hablar también del ODS 5: igualdad de género. No son agendas separadas: están profundamente entrelazadas.

La raíz del problema: lo que no se mide, no existe

La falta de datos diferenciados por sexo y género ha generado enormes vacíos en el diseño de políticas, medicamentos, dispositivos médicos e incluso de infraestructura. Cuando no se mide, no se diseña. Y cuando no se diseña, se excluye. Lo vemos todos los días. Aquí algunos ejemplos —bien documentados en el libro Mujeres invisibles, de Caroline Criado Perez— sobre cómo esta brecha sigue impactando el acceso a la salud:

  • Investigación clínica centrada en hombres: durante décadas, muchos ensayos clínicos usaron muestras mayoritariamente masculinas. Esto genera diagnósticos tardíos: mientras un hombre suele experimentar un dolor intenso en el pecho durante un infarto, una mujer puede presentar náuseas o dolor en la mandíbula, síntomas que suelen confundirse y disminuyen la urgencia del tratamiento.
  • Subdiagnóstico y minimización del dolor femenino: el dolor de las mujeres sigue siendo catalogado como “ansiedad”, “estrés” o “exageración”. Esto retrasa el diagnóstico de condiciones complejas, como la endometriosis, las enfermedades autoinmunes o las enfermedades cardiovasculares. También explica por qué tantas mujeres reciben ansiolíticos antes de acceder a un estudio clínico adecuado.
  • Prescripción de dosis inadecuadas: muchas dosis estándar fueron definidas para cuerpos masculinos. Como consecuencia, las mujeres pueden experimentar más efectos adversos o menor eficacia terapéutica, debido a diferencias en metabolismo, masa corporal y composición hormonal.
  • Brechas en el acceso a los servicios de salud: el tiempo, el transporte y la carga de cuidados no remunerados siguen siendo barreras estructurales. Para muchas mujeres, ir a una consulta médica compite con responsabilidades del hogar, cuidado de niñas y niños, y trayectos largos que dificultan recibir atención oportuna.
  • Seguridad laboral insuficiente: la mayoría del equipo de protección personal —desde uniformes hasta chalecos antibalas— está diseñado para cuerpos masculinos. Esto expone a mujeres policías, bomberas, obreras y personal de salud a mayores riesgos de salud ocupacional simplemente porque el “molde estándar” no las considera.

Para avanzar en el ODS 3, necesitamos una perspectiva feminista. Las mujeres enfrentamos barreras específicas para acceder a los servicios de salud, y muchas de las metas del ODS 3 requieren abordajes intencionalmente diseñados para cerrarlas: salud materna, salud sexual y reproductiva, enfermedades no transmisibles y cobertura universal.

En la industria farmacéutica esto es especialmente crítico. Integrar la perspectiva de género desde la investigación clínica hasta los estudios en vida real no es opcional: es una responsabilidad ética y científica. En 2025, México adoptó Buenas Prácticas Clínicas que obligan a justificar cualquier exclusión de la población, incluidas las mujeres. A nivel global, la agencia regulatoria estadounidense (FDA) no exigió la inclusión sistemática de mujeres en ensayos clínicos sino hasta 1993. Todavía tenemos mucho camino por recorrer.

En mi experiencia en la operación latinoamericana del sector farmacéutico, he visto cómo la presencia de mujeres transforma las decisiones, las prioridades y los enfoques estratégicos. En Apotex Latinoamérica:

  • 6 de cada 10 integrantes del equipo son mujeres.
  • En nuestra planta de manufactura, más de 70 por ciento del personal es femenino.
  • 40% de la alta dirección está integrada por mujeres.
  • En Centroamérica, nuestras tres filiales comerciales son lideradas por mujeres.

Estos no son solo números: son evidencia del impacto tangible de incorporar talento femenino a lo largo de toda la cadena de valor.

¿Por qué importa esto en el marco del Día Internacional de la Mujer?

Porque la calidad, pertinencia y alcance de las soluciones de salud dependen de la diversidad de quienes las diseñan, desarrollan y lideran. Un sistema de salud justo no surge por inercia. Se diseña. Y para diseñarlo bien, necesitamos que las mujeres sigan ocupando —y abriendo— espacios en ciencia, salud, industria y toma de decisiones.

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