LAS EMPRESAS VERDES

Diseño de interiores apuesta por la economía circular en México

Economía circular

México enfrenta el reto de aprovechar de manera más eficiente los materiales que utiliza. De acuerdo con datos de BBVA Research y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), apenas 0.4 por ciento de los materiales que ingresan a la economía mexicana son reciclados o reutilizados, frente a un promedio mundial de 7.2 por ciento.

Ante este escenario, el diseño de interiores comienza a explorar nuevas formas de incorporar materiales existentes en proyectos arquitectónicos y de interiorismo. Maderas recuperadas, piedras provenientes de demoliciones y muebles restaurados pueden adquirir una nueva función sin perder las características que los hacen únicos.

La tendencia se relaciona con el upcycling, una práctica de economía circular que busca transformar materiales o productos existentes en elementos con una nueva utilidad y, en muchos casos, con mayor valor.

A diferencia del reciclaje convencional, que puede implicar la transformación de una materia prima para fabricar un producto diferente, el upcycling procura conservar buena parte de las características originales del material. Vetas, desgastes, variaciones de color e incluso pequeñas imperfecciones pueden convertirse en parte del lenguaje estético de un espacio.

Cuando reutilizar también genera valor

Una trabe de madera recuperada, una pieza de piedra procedente de una demolición o un mueble restaurado pueden incorporarse a un proyecto junto con materiales contemporáneos.

Además de reducir la necesidad de utilizar nuevos recursos, estas piezas pueden aportar textura, historia y personalidad, elementos difíciles de reproducir mediante procesos industriales.

La incorporación de materiales recuperados también puede modificar la manera en que se desarrolla un proyecto. En lugar de comenzar exclusivamente con la selección de acabados y mobiliario nuevos, el diseñador analiza primero las características, dimensiones y posibilidades de los elementos existentes.

Este proceso puede generar soluciones distintas a las que surgirían a partir de un catálogo convencional de materiales.

“Antes de decidir reemplazar un material, preferimos entender qué puede aportar al propósito que tenemos. En ocasiones, una pieza existente termina convirtiéndose en el elemento que da identidad al espacio, porque llega con una textura, unas proporciones o un desgaste que sería imposible reproducir desde cero. Diseñar también consiste en descubrir ese potencial”, explicó Aitor Viteri, director académico de IDEQUO, Madrid Interior Design School.

Cuatro claves para integrar materiales recuperados

Para aprovechar el potencial de estos elementos, Viteri recomienda considerar cuatro aspectos durante el desarrollo de un proyecto:

1. Empezar por el material, no por el acabado.
Una veta, textura o huella de uso puede convertirse en el punto de partida para desarrollar el concepto de un espacio.

2. Incorporar la reutilización desde las primeras etapas.
Considerar las piezas recuperadas desde el diseño arquitectónico permite aprovechar mejor sus características y evitar adaptaciones improvisadas.

3. Combinar elementos recuperados con soluciones contemporáneas.
El contraste entre materiales de distintas épocas puede generar espacios equilibrados y atemporales.

4. Trabajar con especialistas.
Restauradores, artesanos y talleres especializados pueden identificar nuevas posibilidades para piezas que, a primera vista, parecen haber llegado al final de su vida útil.

El diseño como parte de la transición circular

La reutilización de materiales en el interiorismo no resuelve por sí misma el desafío de la economía circular en México, pero representa una aplicación concreta de sus principios.

En paralelo, la SEMARNAT trabaja en el desarrollo de una estrategia nacional orientada a mejorar el aprovechamiento de los recursos y extender su vida útil.

Desde el diseño de espacios, el cambio implica replantear la relación con los materiales: no todo elemento usado debe convertirse automáticamente en residuo y no todo proyecto necesita partir de materiales nuevos.

En este contexto, el valor de un espacio comienza a medirse también por cómo aprovecha los recursos existentes, prolonga su vida útil y los integra en nuevas soluciones.

Para un país donde solo 0.4 por ciento de los materiales son reciclados o reutilizados, incorporar estos principios en disciplinas como el diseño de interiores abre una oportunidad para convertir la economía circular en una práctica visible y con valor comercial.

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