La comida, la mejor vacuna contra el caos

A pricipios del la gran confinanción, ocasionada por el Covid-19, las Naciones Unidas lanzaron una alerta señalando que la pandemia, ocasionaría una hambruna mundial debido a las medidas implementadas para mitigar contagios que implicaron detener casi en su totalidad, la actividad económica del mundo.

En su momento, el titular del Programa Mundial de Alimentos (WFP por sus siglas en inglés), David Beasley, señaló que las medidas para combatir al coronavirus, prodían generar una hambruna mundial y dejar a 265 millones de personas al borde de la inanición para finales de 2020.

De acuerdo con datos del WFP,  a principios de año, vivían en el mundo 135 millones de personas en condiciones de inanición y 700 millones más, el 9 por ciento de la población mundial, en condición de “inseguridad alimentaria severa”.

Este año, el Programa Mundial de Alimentos recibió el premio Nobel de la Paz por su contribución para “evitar que el hambre, fuera utilizada como arma de guerra y por su trabajo para desarticular el círculo vicioso que existe entre hambre y conflictos”.

Sin duda, la pandemia del coronavirus, ha venido a sumarse a un contexto en el que los conflictos sociales y el cambio climático, ya contribuían a un ambiente de inseguridad alimentaria en el mundo.

La pandemia vino a evidenciar la necesidad global de impulsar y desarrollar un sistema de producción alimentaria sostenible; de hecho, éste fue uno de los temas que más se mencionaron durante el Día Mundial de la Alimentación celabrado el pasado 16 de octubre.

Pero más allá de buscar una produccción sostenible de alimentos, uno de los aspectos prioritarios para lograr encaminar por esa ruta al sistema alimentario mundial, es el impulso que se debe dar al desarrollo de los pequeños productores bajo cuatro principios prioritarios:

1) mejorar los sistemas de producción.

2) canalizar mayores inversiones sustentables.

3) fortalecer la cadena de suministros.

4) disminuir el desperdicio de alimentos.

Estos cuatro puntos, fueron abordados por los participantes durante la reunión anual del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial celebrado a mediados del mes de octubre, en donde se habló de la innovación como instrumento para mejorar los sistemas de producción alimentaria.

Como se mencionó, una de las prioridades será mejorar la cadena de suministros, por lo que la implementación de nuevos y más eficientes sistemas de refrigeración, almacenamiento y distribución de alimentos, así como la promoción de inversiones para tratamientos poscosecha y el fortalecimiento de la infraestructura carretera que en algunas naciones, van desde carrteras hasta la construcción o adaptación de instalaciones de almacenamiento, serán componentes clave para la innovación.

En el mismo evento, el presidente del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA) Gilbert Houngbo, mencionó que el planeta dependía de los pequeños agrícultores que producen la mitad de las calorías que consumimos y para su impulso, se requiere del esfurzo de los gobiernos y de las inversiones para transformar y reestructurar los sistemas alimentarios.

Sin duda, una de las necesidades urgentes a nivel planetario en el contexto de la pandemia, es la necesidad de desarrollar sistemas de producción sostenibles, adaptados al cambio climático y resilientes ante crisis sociales y sanitarias, pero sobre todo, que promuevan la inclusión y el desarrollo local de las comunidades. Seguir subestimando a los pequeños productores, podría ser la diferencia entre salvar la brecha alimentaria o agudizar una crisis que hoy en pleno siglo XXI, continúa cobrando vidas en el mundo.

En ese sentido David Beasley, declaró “mientras no exista una vacuna médica, la comida es la mejor vacuna frente al caos”.

SOSTENIBILIDAD
verdes

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Por: Ismael Jiménez
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