Los aficionados que llegaron a Cortina d’Ampezzo para vivir el arranque de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 lo hicieron preparados para un frío intenso: abrigos gruesos, guantes, calcetines térmicos. Sin embargo, el domingo muchos de esos accesorios terminaron guardados en los bolsillos, mientras la nieve comenzaba a derretirse de los tejados, una señal clara de un mundo cada vez más cálido.
“Pensé que íbamos a llevar todas las capas de ropa. Ni siquiera llevo guantes”, dijo Jay Tucker, aficionado estadounidense que viajó desde Virginia para apoyar a su selección a EuroNews.
Un fenómeno cada vez más probable
De acuerdo con meteorólogos de Climate Central, este tipo de calor en febrero es al menos tres veces más probable en Cortina debido al cambio climático. Shel Winkley, meteorólogo de la organización, explica que el calentamiento global está haciendo que la duración del invierno, las nevadas y las temperaturas sean cada vez menos fiables y más imprevisibles.
En los últimos 70 años, desde que Cortina albergó por primera vez unos Juegos de Invierno, las temperaturas medias de febrero han aumentado 3.6 °C, un incremento significativo para una región históricamente asociada a climas fríos y nieve abundante.
Aunque el inicio de los Juegos ofreció una estampa invernal clásica, con la localidad cubierta de nieve, el termómetro alcanzó 4.5 °C la tarde del domingo, con una sensación térmica aún mayor bajo el sol.
Un reto creciente para el olimpismo de invierno
El aumento de las temperaturas representa un desafío cada vez más serio para la organización de los deportes de invierno. El Comité Olímpico Internacional (COI) ha reconocido recientemente que podría adelantar el inicio de futuros Juegos de Invierno de febrero a enero para reducir el impacto del calentamiento global.
En el caso de Milán-Cortina 2026, el reto es aún mayor: se trata de los Juegos de Invierno más dispersos de la historia. Las sedes se reparten entre localidades con condiciones climáticas muy distintas. Bormio y Livigno, por ejemplo, están separadas por menos de una hora en coche, pero un alto puerto de montaña genera diferencias claras en temperatura, viento y nieve.
Vigilancia meteorológica constante
Para hacer frente a esta complejidad, el comité organizador trabaja con cuatro organismos meteorológicos públicos y ha instalado sensores en puntos clave de las competiciones: rampas de salto de esquí, pistas de esquí alpino y campos de tiro de biatlón.
Donde los sistemas automáticos no alcanzan, entran en acción observadores especializados, conocidos como “científicos de la nieve”, explicó Matteo Pasotti, especialista meteorológico del comité. El objetivo ideal: cielos despejados, viento débil y temperaturas bajas que permitan conservar la nieve y garantizar la seguridad y visibilidad.
La realidad, sin embargo, es distinta. “Hace bastante calor, esperábamos que hiciera mucho más frío”, comentó Karli Poliziani, estadounidense residente en Milán, quien incluso llegó a plantearse salir el domingo solo con una sudadera a EuroNews. Según Pasotti, los pronósticos indican que habrá más días con temperaturas por encima de la media durante las competiciones.
El clima también compite
El tiempo es un factor determinante para la seguridad y el desarrollo de las pruebas, subraya Filippo Bazzanella, responsable de planificación deportiva del comité organizador. Las temperaturas elevadas afectan la calidad de la nieve en esquí alpino, mientras que la humedad y el calor influyen en el hielo de los pabellones cerrados y las pistas de deslizamiento.
La visibilidad y el viento son, además, las principales causas de modificaciones en el calendario. En deportes como el biatlón, pequeñas rachas de viento pueden alterar la precisión del tiro, comprometiendo la equidad de la competencia.
La esquiadora estadounidense Jackie Wiles reconoce que muchas carreras de esta temporada han sido especialmente exigentes por el clima. “Tenemos que estar mentalmente preparadas para cualquier condición. El tiempo va a ser el que sea, y aun así tenemos que salir y competir”, afirmó al medio de comunicación.
Una señal del futuro
Lo que ocurre en Cortina no es un hecho aislado, sino un reflejo de cómo el cambio climático está transformando incluso los escenarios más emblemáticos del deporte mundial. Los Juegos Olímpicos de Invierno, símbolo del frío extremo y la nieve, se enfrentan ahora a una nueva realidad climática que obliga a replantear calendarios, sedes y estrategias de adaptación.
