Durante décadas, las olas de calor fueron consideradas eventos extraordinarios. Sin embargo, investigadores advierten que las temperaturas extremas están dejando de ser fenómenos aislados para convertirse en una condición cada vez más frecuente en América Latina, con impactos directos en la salud, la economía y la calidad de vida de millones de personas.
Un estudio desarrollado por especialistas de la Universidad Espíritu Santo (UEES) encendió las alertas al identificar que varias regiones tropicales ya registran índices de calor considerados peligrosos para el ser humano. El análisis se centra en el llamado índice de calor, una medición que combina temperatura y humedad para determinar la sensación térmica real que experimenta el cuerpo.
Los resultados muestran que en la costa ecuatoriana este indicador ha superado de manera sostenida los 39 grados Celsius, nivel catalogado como de riesgo para la salud. Durante marzo se alcanzaron picos de hasta 44.75 °C y, en abril, las condiciones se mantuvieron cercanas a los 43 °C sin registrar días fuera de la zona de peligro.
Más allá del aumento de la temperatura, los investigadores advierten que el principal desafío radica en la elevada humedad ambiental. Cuando el aire contiene demasiada humedad, el sudor pierde eficacia para enfriar el cuerpo, lo que puede provocar un incremento peligroso de la temperatura corporal.
“En estas condiciones, el organismo tiene mayores dificultades para disipar el calor, aumentando significativamente el riesgo de golpes de calor, daños neurológicos e incluso fallecimientos”, señalan los especialistas.
Los grupos más vulnerables incluyen a niños, adultos mayores, personas con enfermedades preexistentes y trabajadores que realizan actividades al aire libre, quienes enfrentan una exposición prolongada a condiciones térmicas extremas.
El fenómeno es monitoreado en tiempo real por el investigador Iván Cherrez y su equipo a través del proyecto “Evaluación Integral de la Calidad Ambiental y Biodiversidad”, una iniciativa que analiza cómo el incremento sostenido de las temperaturas afecta tanto a los ecosistemas como a la salud humana.
Aunque los registros más recientes provienen de Ecuador, los expertos subrayan que la problemática se extiende a gran parte de América Latina. Países como México, Colombia y Perú han experimentado en los últimos años olas de calor más intensas, prolongadas y frecuentes, acompañadas de récords históricos de temperatura en un contexto marcado por el cambio climático.
La situación evidencia además un reto importante para las ciudades de la región. Muchas zonas urbanas aún carecen de infraestructura suficiente para enfrentar el calor extremo, especialmente aquellas con escasa cobertura vegetal, alta concentración de concreto y acceso limitado a sistemas de enfriamiento.
Frente a este panorama, los especialistas recomiendan reducir la exposición al sol durante las horas de mayor intensidad, mantenerse hidratado, utilizar ropa ligera y promover estrategias de adaptación urbana como la creación de refugios térmicos, corredores verdes y espacios públicos con sombra.
Lo que hasta hace algunos años parecía una amenaza futura comienza a manifestarse en el presente. Para millones de personas que viven y trabajan en ciudades tropicales, el calor extremo ya forma parte de la vida cotidiana y representa uno de los desafíos más urgentes de adaptación climática para la región.
