A cuatro años del inicio de la invasión rusa, expertos advierten que la guerra en Ucrania y el cambio climático han creado un “círculo vicioso” con consecuencias devastadoras para el clima, la biodiversidad y las personas.
Desde el 24 de febrero de 2022, cuando Rusia lanzó su ofensiva a gran escala contra Ucrania, el conflicto se ha convertido en el mayor en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, el número de soldados muertos, heridos o desaparecidos en ambos bandos asciende a 1.8 millones, mientras que las víctimas civiles en Ucrania rondan las 15,000. Además, casi seis millones de personas han huido del país.
Pero más allá del costo humano, la guerra también está dejando una profunda huella ambiental.
311 millones de toneladas de CO₂
De acuerdo con la Initiative on GHG Accounting of War, el conflicto ha generado 311 millones de toneladas de CO₂ equivalente (tCO₂e) desde su inicio. Solo en el cuarto año, las emisiones aumentaron en 75 millones de toneladas.
La cifra es comparable a las emisiones anuales de Francia o a las emisiones globales derivadas del bombeo de agua. Estas provienen del uso intensivo de combustibles fósiles en tanques y aviones, incendios forestales, destrucción de infraestructura energética, migraciones forzadas y reconstrucción.
El consumo de combustibles fósiles representa 37 por ciento de las emisiones del conflicto, mientras que los incendios paisajísticos —agravados por condiciones más cálidas y secas asociadas al calentamiento global— aportaron 23 por ciento en 2025. Ese año, Ucrania registró 1.39 millones de hectáreas afectadas por incendios, muy por encima de los niveles previos a la guerra.
Biodiversidad bajo amenaza
Aunque ocupa menos del 6 por ciento del territorio europeo, Ucrania alberga cerca de un tercio de la biodiversidad del continente. Sin embargo, la guerra ha incrementado la presión sobre más de mil especies amenazadas de fauna, flora y hongos.
Organizaciones ambientales locales intentan restaurar ecosistemas dañados no solo para proteger la naturaleza, sino también como parte de los procesos de recuperación emocional y psicológica de las comunidades afectadas.
Emisiones militares bajo la lupa
Las emisiones militares representan alrededor de 5.5 por ciento de las emisiones globales, pero rara vez se reportan con transparencia, incluso en la Unión Europea. Especialistas señalan que la falta de rendición de cuentas dificulta el liderazgo climático en la región.
En este contexto, durante la COP30 celebrada en Belém, el gobierno ucraniano anunció que buscará exigir a Rusia más de 37,000 millones de euros en reparaciones climáticas, basadas en el “costo social del carbono”. Sería el primer caso mundial de compensaciones por daños climáticos derivados de una guerra.
El conflicto en Ucrania evidencia que la crisis climática y los conflictos armados no son fenómenos aislados: se potencian mutuamente. La guerra alimentada por combustibles fósiles incrementa las emisiones, mientras el cambio climático agrava incendios y vulnerabilidades. Un ciclo que, según los expertos, amenaza con intensificarse si no se integran paz, clima y seguridad en una misma agenda global.
