LAS EMPRESAS VERDES

Ola de calor en Francia evidencia la desigualdad climática

ola de calor

Las recientes olas de calor que han azotado Francia no solo han elevado los termómetros a niveles históricos, sino que también han dejado al descubierto una realidad cada vez más evidente: el cambio climático afecta con mayor intensidad a quienes cuentan con menos recursos para enfrentarlo.

Mientras las temperaturas en la región de París alcanzaron cerca de los 30 °C a finales de junio y principios de julio, miles de habitantes de barrios populares como Saint-Denis tuvieron que improvisar formas de refrescarse ante la falta de aire acondicionado, áreas verdes y espacios públicos adaptados al calor extremo.

El calor evidencia las brechas sociales

Ibrahim Doukanthi, residente de La Plaine-Saint-Denis, durante los días más calurosos llegó a sumergirse en el Canal Saint-Denis —que no está habilitado para nadar— para aliviar las altas temperaturas, una práctica que refleja la escasez de alternativas para muchas familias, aseguró en entrevista para Al Jazeera.

En viviendas sociales, las limitaciones son aún mayores. Louiza Ammari, trabajadora de una guardería, explicó que en su edificio no se permite instalar aire acondicionado ni piscinas inflables, mientras que algunas instalaciones públicas presentan restricciones que dificultan su acceso.

Estas situaciones ilustran cómo la infraestructura urbana y las condiciones habitacionales influyen directamente en la capacidad de adaptación frente a eventos climáticos extremos.

El cambio climático agrava las desigualdades

Especialistas consultados por Al Jazeera coinciden en que las olas de calor son un reflejo de desigualdades sociales preexistentes. Bruno Villalba, profesor de ciencias políticas especializado en ecología política y política ambiental, señala que el problema no es únicamente el aumento de las temperaturas, sino la vulnerabilidad de las viviendas y la falta de políticas estructurales que preparen a las ciudades para un clima cada vez más extremo.

Por su parte, la socióloga Mael Ginsburger, de la Universidad Paris Cité, advierte que existe una falsa percepción de que el cambio climático afecta por igual a toda la población.

Las familias con mayores ingresos pueden invertir en aislamiento térmico, aire acondicionado o incluso abandonar temporalmente las ciudades durante los episodios de calor. En contraste, millones de personas permanecen expuestas en edificios con mala ventilación y escasa protección térmica.

Sus investigaciones muestran que alrededor de 70 por ciento de los hogares con mayores ingresos consideran que sus viviendas están bien preparadas para soportar el calor, frente a 46 por ciento de los hogares de bajos ingresos. Además, actualmente más franceses afirman sufrir por el calor durante el verano que por el frío en invierno.

Más de 2,000 muertes asociadas a la última ola de calor

De acuerdo con datos de la agencia nacional de salud pública francesa, la ola de calor registrada durante la semana del 22 de junio provocó 2,025 muertes adicionales en el país.

La mortalidad aumentó aproximadamente un 30 por ciento a nivel nacional y hasta 62 por ciento en la región de París, cifras que reflejan el creciente impacto sanitario de los eventos climáticos extremos.

Personas sin hogar, entre las más afectadas

Las organizaciones sociales advierten que quienes viven en situación de calle enfrentan riesgos aún mayores. Paul Alauzy, integrante de Médicos del Mundo y del colectivo Le Revers, explicó al medio de comunicación, que las personas sin hogar permanecen expuestas al calor durante todo el día, especialmente en zonas urbanas donde el asfalto puede alcanzar temperaturas de entre 45 y 50 °C.

Aunque las autoridades suelen habilitar refugios temporales y puntos de hidratación durante las emergencias climáticas, diversas organizaciones consideran que estas medidas siguen siendo insuficientes frente a un fenómeno que se intensifica año con año.

La naturaleza, una herramienta clave para adaptarse

Expertos también destacan la importancia de incrementar la presencia de árboles y espacios verdes en las ciudades.

La vegetación ayuda a reducir las temperaturas urbanas y ofrece refugios naturales durante las olas de calor; sin embargo, estos espacios suelen ser más escasos en los barrios con menor inversión pública.

Chamonix: una realidad distinta, pero no exenta del cambio climático

Mientras los suburbios de París enfrentan noches sofocantes, la localidad alpina de Chamonix ofrece un panorama diferente gracias a su altitud, sus bosques y los ríos alimentados por el deshielo glaciar.

Sin embargo, el calentamiento global también deja huella en esta región. El glaciar Bossons muestra un retroceso cada vez más evidente y el aumento de las temperaturas incrementa el riesgo de desprendimientos de roca en las rutas que conducen al Mont Blanc.

Para los especialistas, este contraste demuestra que, aunque los efectos del cambio climático alcanzan a todo el territorio, la capacidad para adaptarse depende en gran medida de las condiciones sociales, económicas y de la infraestructura disponible.

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