La Amazonia ¿la última esperanza?

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Por: Griscelda Ramos, directora de sustentabilidad de Natura México  La Amazonia se consideraba el gran […]

Amazonía

Por: Griscelda Ramos, directora de sustentabilidad de Natura México 

La Amazonia se consideraba el gran regulador del mundo. En sus más de 7 millones de kilómetros cuadrados repartidos entre Brasil, Bolivia, Perú, Colombia, Ecuador, Venezuela, Guyana, Surinam y la Guyana Francesa se encontraba el último escudo natural de la tierra capaz de hacer frente al calentamiento global. 

Acorde con el informe “Amazonia posible y sostenible” elaborado por la CEPAL, la región tenía la capacidad de almacenar cerca de 450,000 millones de toneladas de CO2. La Amazonia era el principal reservorio global de carbono ya que sus bosques y selvas tenían un importante papel en su ciclo y permitía regular los efectos del calentamiento global. Era nuestra última esperanza; sin embargo, decidimos talar más del 30 por ciento de su superficie sin tener en consideración los efectos que la deforestación, los incendios y la sobreexplotación de estas tierras traerían consigo. 

En la última década se ha estudiado la fragilidad del ecosistema, y la posibilidad de que alcance un punto de no retorno (Amazon dieback). En el año 2000 se señaló que en 2050 la región podría perder la capacidad de absorber CO2, ésta fue nuestra primera llamada; sin embargo, en 2005, el tiempo se acortó pues ocurrió la primera gran sequía que acabó con la vida de muchos árboles de gran tamaño, en 2010 el fenómeno se repitió. 

Pero ¿qué significaba?  En 2021 la revista Nature publicó el primer informe titulado “Carbon and Beyond: The Biogeochemistry of Climate in a Rapidly Changing Amazon” que reveló que en la actualidad “la amazonia emite más CO2 del que puede absorber” para los científicos constituye la alerta máxima de que el tiempo cero se aproximaba. 

La Amazonia, ya no funciona como pulmón, muy pronto podría convertirse en una enorme fábrica de CO2 que impactaría de manera global en la transformación de los ecosistemas. Nuestro último escudo fue derribado y para atenuar el proceso necesitamos no sólo interrumpir la deforestación, se requiere de una cooperación a escala global. 

Lo que le ocurre a la Amazonía es un tema que nos debe interesar a todos. Por eso cada año, el 5 de septiembre, organismos e instituciones alrededor del mundo elevan la voz en el Día Mundial de la Amazonía, para impulsar acciones y políticas públicas que preserven los ecosistemas de esta región y quienes habitan en ella. 

En Natura, cada jornada y en cada país en el que tenemos presencia, nos esforzamos para proteger la Amazonía y enfrentar la crisis climática desde una trinchera activa y proactiva. Sabemos que la transición hacia una economía de bajo carbono es un desafío de la humanidad.

Por eso, tenemos el objetivo de alcanzar la deforestación cero en la Amazonía, hasta 2025. Defendemos el establecimiento de un compromiso entre diversos grupos y actores de la política global, multisectorial y multilateral para crear actividades económicas propositivas y basadas en la bioeconomía, que sean financieramente más rentables y sustentables, que la deforestación.

Queremos que la reglamentación del mercado de carbono global reconozca el rol de comunidades indígenas, quilombolas y agricultores familiares para la conservación ambiental y promueva el pago por distribución de beneficios y acceso al conocimiento tradicional asociado. 

Nuestro propósito es garantizar que cada uno de nuestros procesos contribuyan a la economía circular, estamos convencidos que la generación de valor de las compañías debe ir más allá de los indicadores financieros que forman parte de la economía lineal.