El líder científico, pionero de la sustentabilidad

En 1974 en su edición de junio, la revista Nature, publicó un artículo en el que se pormenorizaban los efectos de los gases de clorofluorocarbonos (CFC) en la capa de ozono. La publicación generó gran revuelo en el mundo científico dividiendo opiniones entre quienes estaban de acuerdo sobre el impacto generado en la atmósfera por el uso de aerosoles y aires acondicionados, y entre quienes consideraban, que dicho señalamiento, carecía de valor científico.

El descubrimiento, fue el cimiento de lo que trece años después, se convertiría en la base de los principios del Protocolo de Montreal. Los científicos Mario Molina de México y Sherwood Rowland de Estados Unidos, fueron los autores del artículo.

Dos décadas después, el 12 de octubre de 1995, Mario Molina recibió el premio Nobel de Química por sus trabajos de investigación en la formación y descomposición de la capa de ozono; reconocimiento que compartió con su compañero Sherwood Rowland.

Una de las principales aportaciones de esta investigación, fue la comprobación de los efectos provocados por los gases CFC que debilitan la capa de ozono y que permiten la entrada directa de los rayos ultravioleta a la tierra. Con este descubrimiento, comenzó la prohibición del uso de aerosoles y gases utilizados en los sistemas de aire acondicionado y refrigerantes.

Mario Molina consiguió incidir e incursionar en temas del medio ambiente que estaba siendo dañando por causa de la emisión de gases a la atmósfera. En 1974, con la celebración del “primer día Mundial del Medio Ambiente” se abordaron los efectos de la contaminación en la salud.

Pero esta, no fue la única aportación que el premio Nobel generó en materia de química ambiental; en 1987, fue creado el Fondo Multilateral que dio paso a la implementación del Protocolo de Montreal, con el cual, se buscaba proteger la capa de ozono. Esto luego de que en 1985, se detectara en la Antártida, un agujero en la capa atmosférica basado en las hipótesis de Mario Molina y su colega Sherwood Rowland.

El Protocolo de Montreal firmado en Viena, junto con el descubrimiento de los efectos de los gases CFC, quizás fueron dos de las aportaciones más importantes que Mario Molina realizó para prevenir y evitar el calentamiento global.

Pero hay algo más, con el pacto firmado en la capital de Austria, también se dió paso a la reunión del Convenio de las Partes, que desde 1989 y hasta la fecha, reúne a los países para revisar los avances y pendientes en materia ambiental y climática.

Ese mismo año, el químico mexicano se incorporó al Departamento de Ciencias Atmosféricas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en donde se desempeño como profesor e investigador para dar seguimiento al estudio e impacto de los gases CFC, pero también para buscar soluciones que ayudaran a la regeneración de la capa de ozono.

El Protocolo de Montreal, sigue siendo hasta el día de hoy, la principal referencia para el estudio y prohibición del uso de aerosoles y gases refrigerantes. El resultado de la investigación, dio frutos y con ellos, se logró reducir el uso de los gases CFC; sin embargo, y pese a que los gases de hidroclorofluorocarbonos (HCFC), sustitutos de los anteriores disminuyen en buena medida su impacto a la atmósfera, el objetivo es que, para el año 2030, se hayan sustituido totalmente estos y se erradique su uso.

Para ello, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), trabaja con los países en desarrollo para la sustitución en principio de los gases refrigerantes y aerosoles, y posteriormente en el proceso de transferencia tecnológica para su erradicación en esas naciones.

Mario Molina trabajo mucho para desarrollar una ciencia de excelencia desde la academia; en 1965, se tituló como Ingeniero Químico por la UNAM; obtuvo su doctorado en Química-Física en la Universidad de Berkeley, y participó en diferentes comités de la Fundación Nacional de Ciencias y para la NASA.

Fue profesor de la Universidad de California en San Diego, miembro notable de la Pontificia Academia de Ciencias; recibió los premios Tyler y Essekeb que otorga la American Chemical Society, así como la medalla a los logros científicos destacados de la NASA, junto con al menos otros 15 reconocimientos y premios más.

El premio Nobel de Química, es el primer científico mexicano en recibir este reconocimiento, razón que “lo motivo siempre a ejercer de forma rigurosa la mejor ciencia posible”, declaró poco después de haber recibido el reconocimiento.

Mario Molina fue un apasionado de la ciencia desde joven; por ello su pasión y vocación, lo llevaron a preparase y defender con base científica su hipótesis sobre los efectos de los clorofluorocarbonos ante científicos, políticos y fabricantes con la esperanza de detener, su producción.

Para 1987, con la aprobación del Protocolo de Montreal, Mario Molina declaró: “se puede hacer rigurosa ciencia hipotética que a la vez puede ser puesta aprueba y aplicada. Fuimos capaces de convencer a la sociedad y lograr algo”.

Y efectivamente, este destacado mexicano, logro hacer que la comunidad mundial pusiera su atención en la atmósfera y los efectos que los gases contaminantes provocaban en ella. De esta manera, Mario Molina se constituyó como uno de los líderes pioneros de la sustentabilidad en México y el mundo.

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